Comida comprensible, por favor

La picaresca en el etiquetado de los alimentos dificulta elegir los más saludables. La UE quiere unificar la información que se ofrece.

La UE prepara un reglamento sobre etiquetado de alimentos que pretende ser útil y común para los ciudadanos de todos los Estados miembros. Difícil empresa cuando la información que ahora se presta en los productos envasados -leche, galletas, latas, dulces, sopas- es tan complicada que ni con un máster en nutrición puede uno saber si las grasas que va a ingerir son suficientes para una dieta saludable o bastarían para matar a un caballo.

Los especialistas que trabajan en estos asuntos suelen hablar de una información que sea accesible al “consumidor medio”. ¿Quién es el consumidor medio? ¿Es igual el de Francia que el de España? ¿Es un anciano, un adulto? ¿Puede un niño determinar leyendo los ingredientes del bollo que está dando de merendar a su colesterol cada tarde?

¿Tiene el consumidor, medio o no, formación suficiente para entenderla? “No”, responde sin ambages Alicia de León, profesora de Derecho Civil, especializada en Derecho del Consumo de la Universidad de Oviedo. “Hemos pasado de un etiquetado muy reducido a una amplitud temeraria. El consumidor no está preparado, pero además quiere un etiquetado completo, pero también útil y sencillo, y eso no va a ser tan fácil”. Y justo en un momento, recuerda De León, en que el etiquetado ha cobrado gran importancia debido a las crisis alimentarias de finales del siglo pasado (colza, vacas locas).

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