Maltratadas y sin recursos

La dirección es secreta. Los hay en varias ciudades. Las inquilinas viven en estos pisos durante un tiempo, quizás meses, quizás más de un año. Algunas con sus hijos. Comparten temporalmente una casa y una traumática experiencia: los malos tratos. La mayoría de las usuarias de los pisos de acogida –en Catalunya son más de 200– están a la espera de un juicio. Muchas son extranjeras, casi el 80%. Apenas hablan el español y algunas nunca han trabajado. La Vanguardia ha entrado en uno de estos pisos ubicado en la comarca del Baix Camp, donde viven cinco mujeres y tres niños de entre uno y cinco años. Cinco historias estremecedoras.

“No comienzan de cero, comienzan de menos cinco”, dice Laura Andreu, asistenta social. Leonor (nombre ficticio) es una de las inquilinas. Hace ocho meses que vive en este piso. Es sudamericana pero no quiere decir de qué país por si su ex la reconoce. Todavía tiene pánico de ese hombre con estudios superiores que la maltrató durante más de tres años y que sigue viviendo en el domicilio común, un piso de alto standing de una población vecina.

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