Odio contra un beso

Montse y Marta llevan un mes saliendo juntas. El 14 de julio, un miércoles por la noche, fueron al restaurante José Luis a tomar unas tapas y charlar de sus cosas. Hablaban y se daban algún beso, “algún arrumaco”, dice Marta (que igual que su pareja no quiere desvelar su identidad). Razón suficiente para que un señor que estaba en la mesa de al lado, al abandonar el local, se permitiese darles su opinión sobre lo que hacían: “Sois unas enfermas y tortilleras, iros a vuestra casa, bolleras de mierda”. Una de ellas, Marta, incluso afirma que el individuo que las insultó, otro cliente que estaba en el restaurante, le dio a ella un golpe “con la mano abierta en la nariz” cuando le hizo frente.

Lo han denunciado en una comisaría y, con el apoyo de la asociación gay Cogam, pretenden poner de relieve “no solo que existe gente homófoba”, dijo Marta, “sino que hay restaurantes que lo permiten”. La mujer, de 44 años, sostiene que el encargado del local fue “indiferente” a las agresiones. “Lo único que nos dijo es que habíamos montado un buen pollo”, aseguró Marta.

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