La dictadura del tutú

Es una eterna pirueta, un mal que no cesa. Después de carreras truncadas, vidas destrozadas y casos extremos de muertes a deshora, el ballet sigue siendo una fuente inacabable de polémica por el tipo de cuerpo femenino que exige sobre el escenario. Pocas veces se han visto bailarinas gruesas. Muchas -demasiadas, tal vez- exhiben una delgadez extrema. Y como ha quedado demostrado recientemente en un sonado incidente que ha afectado al New York City Ballet, cuando una bailarina muestra un cuerpo cercano a lo normal, se arriesga a que la acusen de sobrepeso. Frente a la presión que recibe, por ejemplo, el mundo de la moda, el ballet sigue amparado en que es un arte. La película, además, ha reabierto la polémica: ¿es necesario un cuerpo ligero para bailar o la delgadez en el ballet es una cuestión de gusto estético?

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