Hasta que la dieta nos separe

 

En el mundo desarrollado, en el que ostentación y lujo han dejado paso a una forma de vida más discreta y uniforme y, a menudo, es difícil distinguir por el aspecto a ricos y pobres, el nuevo baremo para medir la posición social puede estar en el plato. Nuestras dietas hablan más de la clase social a la que pertenecemos que nuestra indumentaria o el coche que conducimos. El fenómeno es claro en Estados Unidos, un país que marca tendencias y donde, según la revista Newsweek, “la comida es la nueva medida de la división por clases”.

Nunca ha habido, sostiene el semanario, una separación social tan clara como la que existe hoy entre la gente que cuida su dieta, compra productos orgánicos y evita pasarse con las calorías, y la inmensa mayoría, abonada a platos con exceso de grasa y colesterol, que no hace ejercicio. No es necesario recalcar que en el primer grupo estarían las capas ilustradas, los profesionales acomodados que viajan y leen, y en el segundo grosso modo, los asalariados menos cualificados, y la gente con menos recursos.

Resta de reportatge

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