Analfabetos emocionales

Sara se enamoró de un alexitímico a los 33 años. Carlos, con sus 38 años, era un alto cargo directivo, “tal vez demasiado serio y poco hablador, eso sí, pero guapísimo, un tío cañón y todavía sin pillar”, como exclamaban todas las compañeras. “Algo oculto debía de tener”, se decía Sara.”Al principio”, cuenta, “todo iba bien, pues, aunque no era expresivo, sí era hombre de palabra, cumplidor, muy educado. A los cuatro meses noté como si se desinflara, no nuestra relación, sino él. Sí, yo seguía siendo su novia, pero ya no seguía sintiendo esa pasión por mí y cada vez era menos comunicativo. Lo hablé con él y resulta que no había cambiado nada, que todo era como al principio”.

Pero no todo era normal. Para el profesor Francisco Alon­­so-Fernández, catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid, la alexitimia se define como un déficit comunicativo emocional y en cuyo origen participan factores cerebrales, orgánicos, psíquicos y sociales.

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