¡Rompe el ciclo de la violencia machista!

El denominado ciclo de la violencia explica por qué resulta tan difícil para algunas mujeres defenderse de ella y alejarse del agresor, una vez pasada la fase de agresión.

El ciclo consta de tres fases:

Primera: Tensión
Se construye a partir de pequeños conflictos cotidianos y generalmente porque el agresor no ha visto cumplidas sus expectativas o deseos o porque no le satisface un hecho cotidiano. Ejemplos de estas situaciones pueden ser el que un plato de sopa no esté todo lo caliente que él considera o que el pantalón tiene una arruga que, sin notarse tanto, él magnifica…

Cualquier motivo, por insignificante que sea sirve para desencadenar cambios de humor que se producen de forma brusca, inesperada y sin justificación. En esta fase se produce una violencia psicológica (verbal) y a veces, lesiones leves. Se presentan como episodios aislados que la mujer cree poder controlar. Con el paso del tiempo no son tan aislados ni controlables.

La duración de esta fase varía, mientras en una relación puede ir gestándose durante años, en otra puede aparecer a los pocos meses de iniciarse.

Segunda: Agresión
Se caracteriza por la descarga de la tensión acumulada en la fase anterior, descarga que se manifiesta a través de cualquier tipo de agresión tanto física, psíquica, verbal o sexual de forma indiscriminada.

Esta fase puede adelantarse o atrasarse en función de la actitud de la mujer, es decir, si la mujer ante una situación tensa se encara con el agresor, hay muchas más posibilidades de que esta fase se adelante. Las agresiones serán cada vez más frecuentes y más brutales.

Una vez se produce la descarga de la tensión, la mujer queda aturdida y desorientada. Esta fase puede finalizar porque alguien (vecino/a, policía, familiar,…) acude a las llamadas de socorro de la mujer o el agresor perciba, en ese instante, que sus actos puedan tener consecuencias negativas para él.

Tercera: Calma o Remisión (asimilable a tregua premeditada)
Fase utilizada por el agresor como refuerzo para mantenerse y retener a la mujer junto a él, aplicando estrategias de manipulación afectiva (regalos, promesas, actitudes cariñosas, disculpas,…) y conseguir que no abandone la relación, argumentando un arrepentimiento que puede parecer sincero. La estrategia consiste en compensar a la víctima de manera que ésta deseche la idea de tomar medidas de protección (denunciarle, abandonar el hogar,…) y reforzar la dependencia emocional entre ambos.

La frecuencia con que se repite este ciclo y la peligrosidad de las lesiones irán aumentando a medida que se avance en la escalada de violencia.

A lo largo de este proceso la mujer sufrirá una pérdida progresiva de autoestima y desconfiará de su capacidad para mejorar su situación, con lo que, frecuentemente, su respuesta es de mayor sumisión hacia el agresor. es esencial que las víctimas reciban apoyos concretos y refuerzos en todas las ocasiones en que, tras la fase de agresión, decida dar pasos encaminados a mejorar su situación. Si esta ayuda no se produce, llegada la fase de calma será mucho más difícil movilizarla para que tome decisiones. Cada vez que estas mujeres soliciten apoyo deben percibir claramente que estaremos dispuestos/as a proporcionárselo, que respetaremos siempre sus decisiones y no las culpabilizaremos por sus indecisiones.

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